El Polisario ante el abismo

Movimiento saharauis por la paz es

Quedan menos de tres meses para que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas vuelva a ocuparse del Sáhara Occidental. La resolución 2797 ha abierto una fase decisiva y, en cualquier otra época, habría provocado en el Frente Polisario una tormenta de declaraciones, comunicados y movilizaciones. Sin embargo, el silencio resulta ensordecedor.

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Consejo de Seguridad de la ONU – REUTERS/ SHANNON STAPLETON

La organización que durante décadas supo mantener viva la causa independentista parece hoy paralizada. La pregunta es inevitable: ¿qué le ocurre al Polisario? ¿Ha perdido la capacidad de iniciativa precisamente cuando más la necesita?

Una de las claves está en el relevo generacional. Hubo una época en la que figuras como Ahmed Boukhari, Mhamed Khadad o Mahfoud Ali Beiba no eran simples portavoces. Eran dirigentes capaces de producir pensamiento político, interpretar los cambios internacionales y construir un relato que después encontraba eco entre diplomáticos y medios de comunicación.

Aquella generación desapareció y con ella se ha ido buena parte de la capacidad del movimiento para renovar sus argumentos. La estructura permanece, pero demasiados de sus dirigentes llevan décadas ocupando las mismas posiciones y repitiendo un discurso concebido para un mundo que ya no existe.

El problema no es, por tanto, únicamente la edad de sus dirigentes. Es la ausencia de ideas nuevas, de liderazgo renovado y de capacidad para imaginar escenarios distintos a los heredados de la Guerra Fría.

El resultado se aprecia también en el terreno mediático. El Polisario ha perdido buena parte de la iniciativa que tuvo durante décadas. En España, uno de sus principales espacios de influencia, sus representaciones parecen limitadas a actividades de voluntariado humanitario y social que incluyen recogida de alimentos, atención a enfermos, ocio infantil y poco más, mientras el espacio político lo ocupan voces oficiosas que confunden la defensa de la causa saharaui con las batallas partidistas españolas.

Es una estrategia contraproducente. La causa saharaui ha construido en España durante medio siglo un patrimonio de solidaridad que no nació espontáneamente. Es fruto, en buena medida, del compromiso de las fuerzas progresistas y, muy especialmente, de numerosos militantes y cargos del PSOE.

Puede haber discrepancias con un Gobierno socialista. Ya las hubo. En 1985, tras los ataques del Polisario contra un pesquero y un buque de la Armada, el Gobierno de Felipe González cerró las oficinas del movimiento en Madrid y rompió sus relaciones con él. Aquella crisis terminó superándose, y Ahmed Boukhari y Mahfoud Ali Beiba desempeñaron un papel importante en la reconciliación posterior.

La diferencia es que entonces había dirigentes capaces de distinguir entre una crisis coyuntural y una ruptura estratégica. Hoy esa capacidad parece mucho más limitada. Suspender unilateralmente la comunicación y los contactos con Madrid es una decisión políticamente torpe.

Una política exterior sin brújula

La creciente confusión del Polisario en la política española es un síntoma de esa pérdida de orientación. Su acercamiento coyuntural a sectores de la derecha más radical, mientras algunas voces se alinean con las posiciones más extremas de la izquierda, revela una dificultad preocupante para distinguir entre aliados circunstanciales y los espacios políticos donde la causa saharaui ha construido históricamente su principal base de apoyo.

La reacción ante los recientes acontecimientos de Ceuta ha vuelto a ponerlo de manifiesto. Mientras algunos comunicadores y figuras de la extrema derecha descubren ahora una tardía simpatía por los saharauis, el Polisario debería preguntarse qué queda de aquella red de solidaridad que durante décadas sostuvo su causa en España.

Sería un error histórico dilapidar medio siglo de identidad política por acuerdos oportunistas con quienes solo comparten el rechazo al Gobierno. La derecha no tiene ADN solidario con el tercer mundo; pretenderlo es una ingenuidad, no una estrategia.

El factor estadounidense

A esta desorientación y lectura errónea de la política española en relación al Sáhara se añade un escenario internacional cada vez más complejo.

La iniciativa legislativa presentada en Estados Unidos para abrir la puerta a sanciones contra el Polisario en caso de acreditarse una cooperación con organizaciones terroristas vinculadas a Irán no constituye una designación ni una sanción efectiva. Pero sí introduce una advertencia política que el movimiento no debería ignorar.

Durante décadas, el conflicto del Sáhara fue contemplado fundamentalmente como una cuestión política y territorial. Cualquier intento de situar al Polisario en el terreno de la seguridad y de las redes vinculadas a Irán modificaría radicalmente esa percepción y podría tener consecuencias mucho más graves que una derrota diplomática.

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El presidente de Argelia, Abdelmadjid Tebboune, visita en el hospital a Brahim Ghali. Photo archivo

Todo ello convierte al próximo XVII Congreso del Polisario en algo más que una cita para renovar cargos.

La cuestión central no será únicamente quién ocupará la Secretaría General. Será si el movimiento es capaz de iniciar una verdadera renovación política.

Brahim Ghali pertenece a la misma generación que lleva décadas ocupando las principales responsabilidades. Y la muerte de Lehhbib Abdelaziz ha privado al movimiento de una de las figuras que podían representar una futura renovación.

Pero el problema sucesorio va mucho más allá de los nombres. El Polisario necesita decidir si seguirá administrando un legado político de medio siglo o si está dispuesto a abrir un nuevo ciclo.

Una parte del movimiento continúa aferrada a la línea dura y considera cualquier rectificación una renuncia. Otra, todavía minoritaria, empieza a comprender que el escenario internacional ha cambiado y que mantener indefinidamente la independencia como única salida posible no constituye por sí mismo una estrategia.

En este contexto aparece el Movimiento Saharauis por la Paz MSP, nacido hace seis años desde el seno del antiguo movimiento armado. Propone una salida política basada en el diálogo y en dar cabida a distintas voces. Pero los líderes del Polisario lo ven como una amenaza: temen que abrir el debate les reste poder y saque a la luz asuntos incómodos. El MSP no pretende anular la historia del Polisario, sino impedir que esa historia se use como excusa para un control indefinido de la representación saharaui.

Un gesto sencillo permitiría al Polisario demostrar que ha entendido el nuevo tiempo: invitar a una delegación del MSP a su XVII Congreso. No resolvería el conflicto ni borraría las diferencias, pero enviaría un mensaje clave: ninguna organización puede arrogarse la representación exclusiva de un pueblo de forma indefinida.

La señal llegaría a los saharauis, pero también a la comunidad internacional. Sobre todo, llegaría a los refugiados de Tinduf. Tres generaciones han crecido en los campamentos sin que la estrategia seguida haya acercado la independencia. No se puede pedir más sacrificios, más espera ni más sangre.

La pregunta no es cuánto puede prolongarse el conflicto, sino cómo evitar que una cuarta generación pague el precio de una estrategia agotada. El Polisario conserva estructuras y respaldos, pero conservar una organización no equivale a conservar la legitimidad y menos la capacidad para decidir el futuro.

Para muchos observadores el próximo debate del Consejo de Seguridad puede marcar el comienzo de una nueva etapa. Si el Polisario llega a ese momento sin iniciativa, sin renovación política, sin una estrategia adaptada al nuevo escenario y sin respuestas para sus propios refugiados, su problema dejará de ser únicamente la pérdida de influencia. Será el riesgo de quedar atrapado entre un pasado que se niega a abandonar y un futuro para el que no ha sabido prepararse.

El MSP ya ha tendido la mano. Ahora corresponde al Polisario decidir si quiere seguir defendiendo el monopolio de la representación o aceptar, por fin, que el futuro del pueblo saharaui necesita algo que durante demasiado tiempo se le ha negado: pluralismo, diálogo y capacidad para elegir entre las alternativas políticas existentes.

https://www.atalayar.com/opinion/salek-ahmed-innal/polisario-abismo/20260823181722228569.html


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