Mensaje de condolencia y despedida a Mhamed Chej Ould Abdalahe, miembro de la Comisión Política Permanente del MSP.
Con el corazón encogido por el dolor, pero también lleno de gratitud por haber compartido tantos momentos de nuestra vida, despido hoy a mi querido amigo, hermano y compañero de lucha, Mhamed Chej Ould Abdalahe.
No fuimos solamente amigos. Fuimos compañeros de una misma travesía. Crecimos en las mismas calles polvorientas de nuestra Dakhla, la antigua Villa Cisneros; compartimos las mismas aulas, bebimos de las mismas fuentes de conocimiento y forjamos nuestro carácter bajo el mismo cielo.
Después vendrían el exilio, la guerra, las dificultades y tantas incertidumbres. Y en los momentos más difíciles, Mhamed Chej supo mantener siempre intacta su dignidad, su serenidad y su confianza en un futuro mejor.
Fue un hombre de principios, leal, honesto y valiente. Pero, sobre todo, fue un hombre bueno. De esos cuya presencia transmite confianza y cuya ausencia deja un vacío que difícilmente podrá llenarse.
En su manera de ser y de actuar encarnaba muchas de las mejores virtudes de nuestro pueblo: la generosidad, la hospitalidad, la palabra dada, la lealtad y la firmeza ante la adversidad. Era un hijo digno de su tierra y de su familia, perteneciente a una estirpe de reconocida nobleza, con un padre que fue uno de los notables de más prestigio de nuestra tierra, y llevaba consigo un profundo amor por el Sáhara y por su gente.
El destino nos separó durante años, pero nos concedió el regalo de reencontrarnos en 2019. Fueron días de largas conversaciones, de recuerdos, de reflexión y, también, de mirar hacia adelante.
Compartimos entonces nuestras experiencias, nuestras preocupaciones y las conclusiones a las que nos había llevado la vida. Y volvimos a coincidir en algo esencial: la necesidad de abrir un nuevo camino para nuestro pueblo.
Mhamed Chej fue uno de los primeros en creer en ese camino y en comprometerse con él. Su inteligencia, su experiencia y, sobre todo, su corazón contribuyeron a que aquel sueño se hiciera realidad el 22 de abril de 2020, con la constitución del Movimiento Saharauis por la Paz (MSP).
Su huella en el MSP es imborrable. Pero su legado va mucho más allá de cualquier organización: queda en quienes tuvimos el privilegio de conocerlo, de trabajar a su lado y de llamarlo amigo.
Hoy nos deja un vacío profundo. Su ausencia se hará sentir en nuestras conversaciones, en nuestras reuniones y en tantos momentos en los que esperaremos, casi sin querer, escuchar su voz y conocer su opinión.
Pero Mhamed Chej no se va del todo. Permanece en nuestra memoria, en sus amigos, en su familia y en la causa a la que dedicó buena parte de su vida.
Permanece, sobre todo, en el ejemplo de un hombre que supo mantenerse fiel a sus convicciones y a su manera de entender la dignidad.
A su hermano Mohamed, a su esposa e hijos, a toda su familia y a todos los compañeros y militantes del MSP, quiero hacer llegar mi más profundo y sincero pésame.
Que Dios tenga misericordia de él, le conceda un lugar en el Paraíso y dé a su familia y a todos nosotros la fortaleza necesaria para soportar su pérdida.
Descansa en paz, querido Mhamed.
Hasta siempre, hermano.
Hach Ahmed


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