Internacional Socialista: Sánchez da más sillas a Marruecos y suprime el aval al Polisario

Movimiento saharauis por la paz es

A la atención de Pilar Gómez, Directora de Artículo 14:

Por la presente solicito la publicación de esta respuesta en ejercicio del derecho de réplica y, en lo que corresponda, del derecho de rectificación, en relación con el artículo titulado “Sánchez da más sillas a Marruecos en la Internacional Socialista y suprime el aval al Frente Polisario”, firmado por Mercedes Seraller y publicado el 16 de septiembre 2026
El artículo sitúa al Movimiento Saharaui por la Paz (MSP) en el centro de su argumentación, le atribuye posiciones políticas y una supuesta dependencia de Marruecos, pero no incluye ni una sola declaración de sus portavoces. No se nos consultó. Si se va a hablar del MSP, lo mínimo es preguntar al MSP. No pedimos que se nos dé la razón; pedimos que no se nos describa sin oírnos. Ruego, por tanto, que esta respuesta se publique como opinión y en ejercicio de un derecho legítimo.
Dicho esto, y para que los lectores puedan contrastar el relato del artículo con nuestra posición, reproducimos a continuación los argumentos que el propio artículo evita discutir.
No es solidaridad con el Polisario: es convertir al saharaui en munición contra Marruecos
Lo más revelador del artículo no es que ataque al MSP. Es que, para hacerlo, necesita presentar al Polisario como la única voz legítima de los saharauis y convertir cualquier alternativa a su monopolio político en sospecha de “promarroquismo”. Ese es precisamente el problema.
Para ese relato, un saharaui solo puede ser políticamente aceptable si sigue enfrentado a Marruecos en los términos establecidos por el Polisario. Si defiende una solución negociada, rechaza la violencia, reclama pluralismo político o simplemente se atreve a cuestionar que el Polisario tenga el monopolio de la representación saharaui, deja de ser un saharaui con una posición política propia y pasa automáticamente a ser “promarroquí”. Es una manera bastante peculiar de entender la libertad política: libertad para elegir entre el Polisario y el Polisario.
Porque el verdadero escándalo que el artículo evita cuidadosamente abordar es mucho más sencillo: ¿por qué un saharaui no puede defender una tercera vía? ¿Por qué aceptar la autonomía como base de una solución negociada —como contempla la resolución 2797 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas— convierte automáticamente al MSP en una especie de sucursal marroquí, mientras medio siglo de monopolio político del Polisario se presenta como la expresión natural, legítima e incuestionable de todos los saharauis?
Y, ya puestos, ¿por qué hay que borrar de la memoria aquello que incomoda? ¿Se ha olvidado acaso la estrecha alianza del Polisario con la Cuba de los Castro o la Nicaragua de Daniel Ortega? ¿Se han olvidado sus ataques y secuestros contra pesqueros españoles? ¿Se ha olvidado el ataque de 1985 contra el pesquero Junquito y la patrullera de la Armada Tagomago, en el que murió el cabo segundo artillero José Manuel Castro y que el propio Polisario terminó asumiendo? ¿Se han olvidado también los secuestros de militares españoles en 1975, cuando todavía permanecían acuartelados en el Sáhara? ¿Y qué decir de la larga estela de denuncias, informes, “leyendas negras”, controversias que ha acompañado la historia del movimiento?
Nuestro supuesto pecado es bastante más elemental: haber abandonado una organización de estructura y funcionamiento autoritarios para ejercer el derecho a pensar por cuenta propia y defender, desde otro enfoque, los intereses de los saharauis. No reclamamos una patente de representación ni pretendemos hablar en nombre de todos. Reclamamos algo mucho más sencillo: el derecho de cualquier saharaui a discrepar, a organizarse políticamente y a defender una alternativa. Eso no es una traición. Es democracia. Y, como mínimo, merece respeto.
Por consiguiente, no somos la voz de Marruecos, ni del Polisario, ni de Argelia. Somos una organización saharaui que sostiene algo mucho más elemental: que los saharauis tenemos derecho a pensar por nosotros mismos, a discrepar, a organizarnos políticamente y a defender una salida al conflicto que no tenga que pasar necesariamente por la guerra ni por una república bananera como único horizonte imaginable.
Y aquí aparece la contradicción más incómoda para quienes pretenden hablar en nombre de la libertad: durante décadas, el Polisario ha ejercido en los campamentos de Tinduf un control político que ha dejado muy poco espacio para la pluralidad organizada y para las voces discrepantes. Human Rights Watch documentó precisamente las restricciones existentes sobre el debate político y la ausencia de un verdadero pluralismo partidista en los campamentos. Sin embargo, eso parece no preocupar demasiado a quienes hoy se apresuran a defender al Polisario como si fuera la encarnación misma de la democracia saharaui.
Lo que parece molestarles no es que los saharauis carezcan de alternativas. Lo que les molesta es que aparezca una alternativa que no encaja en su relato. Y ahí está el sesgo del artículo: no cuestiona al MSP por lo que propone, sino por atreverse a existir. No discute nuestras propuestas, nuestra renuncia a la violencia o nuestra defensa de una solución negociada; intenta deslegitimarnos de entrada atribuyéndonos una dependencia de Marruecos. Porque si el MSP es simplemente otra organización saharaui con una posición distinta, todo el edificio narrativo se complica. Entonces ya no hay un solo pueblo saharaui hablando con una sola voz. Hay saharauis que discrepan. Y eso, para algunos, parece ser mucho más incómodo que Marruecos.
Y un dato que el artículo omite: la Internacional Socialista no vetó al Polisario. El artículo da por sentado que la Internacional Socialista por influencia de Pedro Sánchez ha castigado al Polisario para favorecer a Marruecos. No es así. La Internacional Socialista no vetó ni excluyó al Polisario. Lo que hizo fue admitir al MSP como miembro observador, rompiendo el ciclo del “representante único y legítimo” que se arrastra desde la Guerra Fría. En otras palabras, cerrar las puertas a los sistemas de partido único. El Sahara Occidental ya tiene dos organizaciones políticas en la Internacional Socialista y eso debería ser motivo de regocijo para cualquier demócrata mínimamente coherente
No se trata, por tanto, de que la Internacional Socialista haya “dado más sillas a Marruecos” ni de que haya expulsado al Polisario. Se trata de que ha dejado de tratar al Polisario como el único interlocutor válido. Y ese cambio de criterio es precisamente lo que el artículo no puede admitir sin desmontar todo su relato.
Por todo ello, solicitamos que esta respuesta se publique con la misma relevancia y en un espacio equivalente al artículo original. Quedamos a disposición para cualquier aclaración.

Atentamente,
Hach Ahmed Bericalla
Primer Secretario de MSP


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