Sáhara Occidental: tras la MINURSO, el tiempo de la política
En octubre de 2026, la ONU podría cerrar la etapa de una misión nacida en 1991 para dar paso a una arquitectura centrada en la negociación y en la pluralidad de voces saharauis

El ministro de Asuntos Exteriores de Marruecos, Nasser Bourita recibiendo al enviado personal del secretario general de la ONU para el Sáhara Occidental, Staffan de Mistura, en la capital, Rabat, el 5 de julio de 2022 – PHOTO/ Ministerio de Asuntos Exteriores de Marruecos
Sáhara Occidental: tras la MINURSO, el tiempo de la política
En octubre de 2026, la ONU podría cerrar la etapa de una misión nacida en 1991 para dar paso a una arquitectura centrada en la negociación y en la pluralidad de voces saharauis
Hamoud Ghaillani
Desde hace treinta y cinco años, la MINURSO encarna en el Sáhara Occidental una paradoja que la diplomacia internacional terminó por asumir como rutinaria. Creada en 1991 por la Organización de las Naciones Unidas(ONU) con el cometido de supervisar el alto el fuego y organizar un referéndum de autodeterminación, la misión ha continuado sobre el terreno a pesar de que la consulta nunca llegó a celebrarse y el cese de hostilidades quedó roto en noviembre de 2020.

CONSEJO_SEGURIDAD_ONU
En octubre de 2026, el Consejo de Seguridad de la ONU afronta el reto de encarar directamente esta contradicción. El debate ya no se limita a una prórroga técnica del mandato anual, sino que cuestiona su propia razón de ser.
La Resolución 2797, aprobada en octubre de 2025, encomendó al secretario general una revisión estratégica integral sobre el futuro de la misión, situando el proceso político en el núcleo de cualquier salida negociada. El nuevo escenario abre una transición efectiva frente a la simple inercia del statu quo.

Cuarteles generales de MINURSO en el Aaiún – PHOTO/REDES SOCIALES
El agotamiento del esquema de 1991 y la opción de la reforma
La MINURSO pertenece a un periodo en el que la comunidad internacional confiaba en resolver el diferendo mediante una secuencia lineal: alto el fuego, censo de votantes, referéndum y solución definitiva.
Sin embargo, los desacuerdos insolubles sobre el censo electoral paralizaron la maquinaria y las conversaciones alternaron largos bloqueos con tentativas infructuosas de diálogo, hasta que la reanudación de las hostilidades en 2020 desarticuló por completo el marco fundacional.
Pese a ello, la presencia de Naciones Unidas se mantuvo como canal de enlace y elemento de contención frente a incidentes mayores. Suprimir la misión de forma abrupta implicaría riesgos operativos evidentes: dejaría un vacío de mediación sobre el terreno y podría interpretarse como una renuncia de la comunidad internacional al expediente saharaui. Mantener el dispositivo intacto resulta igualmente insostenible.

Staffan de Mistura – REUTERS/ DENIS BALIBOUSE
Por ello, la vía más probable apunta a una transformación gradual: reducir el componente militar de observación, reforzar las funciones políticas y preventivas, y alinear estrechamente los trabajos con el Enviado Personal del secretario general.
En este horizonte de reforma, la misión podría refundarse bajo una nueva denominación: la Misión de Naciones Unidas para el Apoyo al Proceso Político en el Sáhara Occidental (MINAPSO). El cambio de nombre reflejaría el cambio de mandato: sustituir la tutela de una consulta impracticable por el acompañamiento activo de una negociación realista.
Repercusiones estratégicas para Rabat y el Frente Polisario
Para el Reino de Marruecos, la reforma institucional representaría la oportunidad de consolidar el enfoque político del conflicto. A Rabat no le interesa una retirada total de la ONU, pues una presencia internacional reducida y orientada a la diplomacia actúa como factor de estabilidad regional. Su objetivo prioritario radica en garantizar que la nueva estructura no intente reactivar los parámetros de 1991, sino que favorezca una solución política duradera, realista y pragmática en consonancia con la Iniciativa de Autonomía.
En cambio, para el Frente Polisario la transformación del marco de Naciones Unidas plantea un desafío directo. La MINURSO ha constituido históricamente el anclaje institucional de la vía referendaria. Suprimir esa referencia debilita su posición tradicional, un factor que coincide con otro fenómeno determinante: el fin del monopolio indiscutido sobre la representación política de la población saharaui.

El líder del Frente Polisario, Brahim Ghali – REUTERS/ BORJA SUAREZ
La irrupción del MSP y el debate sobre la representatividad saharaui
Durante décadas, la interlocución internacional se articuló de manera casi exclusiva a través del Frente Polisario. No obstante, iniciativas como el Movimiento Saharaui por la Paz (MSP) han irrumpido para defender una vía centrada en la negociación, la desescalada bélica y el entendimiento político frente a la prolongación indefinida del conflicto armado.
Más allá de calibrar los equilibrios de fuerza entre organizaciones, la presencia del MSP introduce una evidencia que la diplomacia no puede soslayar: la sociedad saharaui alberga sensibilidades y corrientes plurales que no pueden quedar confinadas a una única estructura política.
Si la ONU reorienta su mandato hacia el diálogo, estará obligada a responder a una pregunta básica: ¿quién debe ser escuchado al hablar en nombre de los saharauis? El debate interpela directamente a las nuevas generaciones, a la población de los campamentos de Tinduf, a los habitantes del territorio bajo administración marroquí y a la creciente diáspora saharaui.

Hach Ahmed Bericalla y Mohamed Cherif, MSP
El impacto en Argel, Nuakchot y Washington
La reconfiguración del mandato de la ONU repercute directamente en el resto de los actores regionales:
- Argelia: Como principal respaldo del Polisario, se enfrenta a un cambio de paradigma que desplaza el foco desde el esquema de 1991 hacia una presión creciente por negociar, obligando a Argel a calibrar su peso diplomático en el equilibrio magrebí.
- Mauritania: Por su contigüidad geográfica con el teatro de operaciones, Nuakchot prioriza la contención de riesgos y la seguridad fronteriza. Respaldará una presencia de la ONU adaptada que preserve canales de comunicación directos y evite que la inestabilidad alcance sus límites territoriales.
- Estados Unidos: Su papel resultará determinante. A través de las directrices del Departamento de Estado de EE. UU. y tras impulsar la Resolución 2797, Washington busca acelerar un desenlace político para evitar que el contencioso del Sáhara continúe bloqueando la integración y la seguridad en el norte de África y el espacio euromediterráneo seguido por la Unión Europea.

El Representante Permanente de los Estados Unidos ante las Naciones Unidas, Mike Waltz, junto al primer secretario, Hach Ahmed Barikalla, acompañado por los destacados miembros de la Comisión Política, Hadja Baboit y Mohamed Lamine Ennafaa, así como por Mohamed Cherif, responsable de Relaciones Internacionales
Superar el statu quo: el reto de construir la paz
La cita de octubre de 2026 trasciende el debate técnico sobre el presupuesto de una misión de paz. Durante tres décadas, el conflicto permaneció encajado en un tablero inamovible entre Marruecos, el Polisario, Argelia y la ONU. Hoy, la nueva realidad operativa, el alineamiento internacional y la diversificación de las voces saharauis hacen indispensable actualizar los mecanismos de mediación.
El cierre de la MINURSO tradicional no representaría el abandono de Naciones Unidas, sino el fin de un modelo concebido para gestionar la espera y el comienzo de una estructura orientada a pactar la salida definitiva del diferendo. En esta nueva etapa, la estabilidad no dependerá únicamente de evitar la confrontación armada, sino de la voluntad real de los actores para alcanzar un compromiso político viable, inclusivo y duradero



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