Hach Ahmed: “El apoyo de EE.UU. introduce una nueva voz para romper un estancamiento de medio siglo en el Sáhara”
El primer secretario del Movimiento Saharauis por la Paz (MSP) analiza el histórico espaldarazo diplomático de Washington y la necesidad de consolidar una tercera vía pragmática frente al inmovilismo del Polisario

Intervención de Hach Ahmed Bericalla, primer secretario del Movimiento Saharaui por la Paz (MSP), durante la Cuarta Comisión de la Organización de las Naciones Unidas – PHOTO/ATALAYAR
Las gestiones diplomáticas para alcanzar una solución definitiva en el conflicto del Sáhara Occidental han experimentado un giro histórico.
Con la propuesta de autonomía bajo soberanía marroquí como el único camino viable, la diplomacia de Estados Unidos ha dado un paso de gigante al respaldar oficialmente en las Naciones Unidas al Movimiento Saharauis por la Paz (MSP) como interlocutor legítimo.
El embajador estadounidense ante la ONU, Mike Waltz, ha sido explícito al señalar que el mundo debe escuchar a las voces saharauis que apuestan por el pragmatismo, rompiendo así el histórico monopolio de representación autoproclamado por el Frente Polisario.
En este contexto de profunda reconfiguración política, el primer secretario del MSP, Hach Ahmed Baricalla, analiza los detalles de su reciente ronda de contactos de alto nivel en Nueva York y traza la hoja de ruta del movimiento para desbloquear un conflicto enquistado desde la Guerra Fría.

El Representante Permanente de los Estados Unidos ante las Naciones Unidas, Mike Waltz, junto al primer secretario, Hach Ahmed Barikalla, acompañado por los destacados miembros de la Comisión Política, Hadja Baboit y Mohamed Lamine Ennafaa, así como por Mohamed Cherif, responsable de Relaciones Internacionales
El impacto de la diplomacia estadounidense y la apertura de una nueva vía
¿Qué representa para su organización el histórico respaldo y reconocimiento explícito que la administración de los Estados Unidos acaba de brindar al Movimiento Saharauis por la Paz?
Representa un hecho de una enorme trascendencia, no solo por lo que implica para el crecimiento de nuestra organización tras seis años de intenso trabajo político, sino porque introduce un elemento de genuino optimismo en el tablero del Sáhara Occidental. Por primera vez en casi medio siglo, el proceso político se abre a un nuevo protagonista, a una voz alternativa decidida a romper el estancamiento crónico en el que ha estado atrapada la población.
El hecho de que se nos abran las puertas de la diplomacia de la mayor superpotencia del mundo —que lidera activamente el proceso de mediación en la ONU— demuestra que entramos en un terreno definitivo hacia una solución que solo puede ser política, consensuada y respaldada por sólidas garantías internacionales.
Además de este crucial encuentro con el representante de EE.UU., ustedes mantuvieron contactos clave con otras delegaciones del Consejo de Seguridad, como Francia. ¿Qué agenda internacional han desplegado?
Efectivamente, nuestra delegación ha mantenido un intenso programa de reuniones con diversos interlocutores, incluyendo a miembros permanentes del Consejo de Seguridad que apoyaron la última resolución 2797, como Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña. Asimismo, hemos extendido nuestros contactos hacia países miembros no permanentes, tanto en Nueva York como en otras capitales aliadas. El mensaje que estamos trasladando es sumamente claro y directo.
¿Cuál es el núcleo de ese mensaje y por qué consideran indispensable que la ONU amplíe la mesa de negociaciones a otros actores saharauis?
El núcleo es que llevamos más de tres décadas esperando que la MINURSO y los esfuerzos de la ONU destraben el conflicto sin éxito, debido a la enorme brecha que separa las posiciones maximalistas tradicionales.
Para salir de este bucle, era obligatorio el surgimiento de una fuerza moderada, una tercera vía que actúe como puente. Nuestros interlocutores internacionales coinciden en que un enfoque realista, flexible y de compromiso mutuo —donde cada parte ceda en algo para salvar lo sustancial— es la única vía de salida. Aspiramos y exigimos legítimamente ser convocados por Naciones Unidas para sentarnos en la mesa de negociación.

El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, y el asesor de seguridad nacional de Estados Unidos, Mike Waltz, se reúnen con funcionarios ucranianos en Arabia Saudí, el 11 de marzo de 2025 – PHOTO/ SAUL LOEB via. REUTERS
La aceptación del Plan de Autonomía y el papel de las tribus
Bajo el marco de la resolución 2797, la base de discusión internacional gira en torno al Plan de Autonomía bajo soberanía marroquí. Ustedes ya lo han aceptado. ¿Consiste el reto actual en negociar las condiciones de ese plan para los saharauis?
Exactamente. El nacimiento del MSP es fruto de una profunda e histórica autocrítica. Muchos de nosotros formamos parte en su momento del Polisario, luchamos militarmente por la independencia y enterramos a seres queridos en esa causa. Sin embargo, la madurez política exige aplicar el sentido común.
Dado que la solución militar es absolutamente inviable y que este conflicto está condicionado por rivalidades geopolíticas regionales heredadas de la Guerra Fría, decidimos explorar con realismo lo que ofrece la propuesta marroquí.
Existe un amplio margen para diseñar un estatuto autonómico donde los saharauis gestionen su destino y se ponga fin a medio siglo de exilio y precariedad. Desaprovechar esta coyuntura, respaldada por más de 120 democracias occidentales, sería un error histórico imperdonable.
Para consolidar esta postura, el MSP cuenta con una baza de gran relevancia interna: el apoyo explícito de los líderes tribales y notables. ¿Cómo valora este respaldo social?
El respaldo de los notables tribales es un pilar fundamental debido al inmenso peso sociopolítico que conservan en la estructura tradicional saharaui. No ha sido un proceso sencillo, ya que romper con un relato dogmático y pretendidamente épico que el Polisario ha sostenido durante cincuenta años cuesta mucho esfuerzo.
Pero las fantasías revolucionarias ya sabemos a qué realidades conducen si miramos los ejemplos históricos de Cuba, Nicaragua o la Libia de Gadafi. Los saharauis necesitan soluciones tangibles en el presente, no utopías destructivas.

Un llamamiento al Polisario y el desafío de seguridad en el Sahel
¿Qué hitos esperan en el corto plazo y cómo plantean la relación con el Frente Polisario de cara a un futuro acuerdo?
El próximo mes de octubre, cuando se reúna nuevamente el Consejo de Seguridad, será un momento de gran relevancia. Nosotros no buscamos una confrontación interna cainita; de hecho, invitamos formalmente al Polisario a sumarse a un gran consenso saharaui para negociar conjuntamente los términos de la autonomía.
Deben abandonar la pretensión anacrónica de que existe un “representante único”. La representatividad exclusiva no existe en ninguna democracia moderna. Si persisten en imponer sus criterios unilaterales, seguirán conduciendo a su propio pueblo a la nada.
Más allá de la política institucional, existe una crisis humanitaria y de seguridad acuciante en la región. ¿Por qué es urgente acelerar una solución en clave regional?
La situación es crítica y urge una reagrupación familiar que permita a miles de saharauis salir de la precariedad de los campamentos de Tinduf para asentarse en su territorio con plenos derechos bajo el nuevo marco autonómico.
Pero hay un factor geopolítico aún más peligroso: la inestabilidad en el Sahel. Nos encontramos a escasos kilómetros de una zona devastada por el yihadismo y la violencia, con focos muy activos en países vecinos como Malí.
Mantener a miles de jóvenes saharauis en campamentos de refugiados sin un horizonte de vida, sin empleo y sin futuro es un caldo de cultivo idóneo para que sean captados por el extremismo armado. Solucionar el conflicto del Sáhara no es solo un acto de justicia humanitaria, es una prioridad absoluta para garantizar la seguridad nacional del norte de África y del sur de Europa.



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