Sáhara Occidental: Washington cambia de método y una tercera vía saharaui se abre paso en el debate internacional
Tras casi medio siglo de conflicto, el Sáhara Occidental parece adentrarse en una nueva etapa diplomática. Los acontecimientos registrados en los últimos meses en las Naciones Unidas, el creciente compromiso de Estados Unidos, las iniciativas impulsadas desde Europa y la irrupción del Movimiento Saharauis por la Paz (MSP) abren la posibilidad de un enfoque más inclusivo, centrado en mayor medida en las aspiraciones de los propios saharauis.
Considerado durante mucho tiempo uno de los últimos vestigios de la Guerra Fría, este conflicto ha condenado a varias generaciones al sufrimiento. Miles de familias llevan décadas viviendo en campamentos de refugiados, mientras que otras han crecido bajo el peso de la incertidumbre política. Más allá de los debates diplomáticos, una realidad permanece inalterable: el pueblo saharaui aspira, ante todo, a vivir con dignidad, seguridad, acceso a la educación, oportunidades de empleo y un futuro estable en su propia tierra.
Un nuevo enfoque estadounidense
La Administración estadounidense parece apostar hoy por un método más pragmático. Sin cuestionar el marco de las Naciones Unidas, Washington ha comenzado a ampliar el abanico de interlocutores, recibiendo a representantes saharauis que defienden una solución política negociada.
La reunión entre el representante permanente de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, Michael Waltz, y una delegación del Movimiento Saharauis por la Paz, encabezada por su secretario general, Hach Ahmed Barikalla, constituye una señal política de especial relevancia. Al término del encuentro, el embajador estadounidense publicó un mensaje en el que afirmó que el MSP representa «voces saharauis comprometidas con la paz, el compromiso y una solución duradera», añadiendo que «el mundo debería escucharlas».
Estas declaraciones reflejan la voluntad de Washington de ampliar el número de interlocutores consultados en la búsqueda de una solución política sostenible.
Un reconocimiento diplomático creciente
Durante su reciente misión en Nueva York, el MSP fue recibido asimismo por los embajadores de Francia y del Reino Unido ante las Naciones Unidas, así como por representantes de varios Estados miembros —permanentes y no permanentes— del Consejo de Seguridad.
Estos encuentros no constituyen un reconocimiento jurídico del movimiento como parte oficial en las negociaciones. Sin embargo, sí evidencian un interés diplomático cada vez mayor por una organización que defiende un enfoque basado en el diálogo, el pluralismo político y la búsqueda de un compromiso entre las distintas sensibilidades de la sociedad saharaui.
Desde su creación, el 22 de abril de 2020, el MSP promueve una «tercera vía», convencido de que una paz duradera solo será posible si se escuchan todas las voces del pueblo saharaui.
España ante su responsabilidad histórica
Paralelamente, España estudia un proyecto de ley destinado a conceder la nacionalidad española a determinadas categorías de saharauis nacidos durante el periodo de la administración española, así como a parte de sus descendientes, en las condiciones previstas por el propio texto.
Aunque la iniciativa aún no ha sido aprobada definitivamente, recuerda la responsabilidad histórica de Madrid y pone de relieve que la cuestión saharaui sigue siendo también un asunto de dimensión humana, jurídica y de memoria histórica.
La Resolución 2797 y el papel de las Naciones Unidas
La Resolución 2797 del Consejo de Seguridad reafirma la necesidad de alcanzar una solución política realista, pragmática, duradera y basada en el compromiso, bajo los auspicios de las Naciones Unidas.
A medida que se aproximan las próximas citas del Consejo de Seguridad, diversas capitales parecen compartir una misma convicción: mantener el statu quo ya no responde a las expectativas de las poblaciones directamente afectadas.
El Magreb ante una responsabilidad histórica
Marruecos continúa promoviendo su iniciativa de autonomía como base para una solución política, mientras que Argelia sigue siendo un actor esencial por su histórico respaldo al Frente Polisario y por la influencia que ejerce en la región.
Sin embargo, ninguna solución duradera será posible sin una mejora sustancial del clima político entre Rabat y Argel. La estabilidad del Magreb dependerá, en gran medida, de la capacidad de ambos países para privilegiar el diálogo sobre la confrontación.
El MSP sitúa a la persona en el centro de la solución
La singularidad del Movimiento Saharauis por la Paz reside en su empeño por colocar la dimensión humana del conflicto en el centro del proceso político.
El movimiento sostiene que la prioridad ya no debe ser perpetuar las divisiones heredadas del pasado, sino ofrecer a los saharauis la posibilidad de vivir con dignidad, participar en las decisiones sobre su futuro, favorecer el retorno de los refugiados, impulsar la reconciliación y promover un desarrollo económico sostenible.
Este planteamiento rompe con la lógica del enfrentamiento permanente para apostar por la cultura del acuerdo y el compromiso.
Ha llegado la hora de la paz
El Sáhara Occidental no necesita únicamente una solución diplomática.
Necesita un verdadero proyecto de futuro.
Después de cincuenta años de conflicto, los saharauis merecen algo más que una espera indefinida. Aspiran a una paz duradera, a la estabilidad, a la inversión, a la creación de empleo y a ofrecer mejores perspectivas a sus hijos.
Las recientes iniciativas diplomáticas de Estados Unidos, los contactos mantenidos con Francia y el Reino Unido, el debate abierto en España y la continuidad del proceso impulsado por las Naciones Unidas pueden constituir los primeros pasos de una nueva dinámica política.
Si esta apertura se consolida y todas las sensibilidades saharauis encuentran su espacio en el diálogo internacional, el Sáhara Occidental podría, por fin, cerrar uno de los últimos conflictos no resueltos heredados de la Guerra Fría.
La paz solo será duradera si se construye con los saharauis, para los saharauis, respetando su dignidad, sus derechos y su legítima aspiración a vivir con seguridad, prosperidad y en su propia tierra.
Por Hamoud Ghaillani – Analista geopolítico


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