Sáhara Occidental: Washington acelera discretamente la reestructuración del asunto

El enviado personal del secretario general de las Naciones Unidas para el Sáhara Occidental, Staffan de Mistura, y el principal asesor para África del presidente de EE. UU., Massad Boulos – Photo redes
Entre la escalada militar, el caos en el Sahel y la reorganización de las voces saharauis, el proceso derivado de la resolución 2797 atraviesa su fase más delicada
Desde la adopción de la resolución 2797 del Consejo de Seguridad el 31 de octubre de 2025, el asunto del Sáhara Occidental parece entrar en una nueva fase diplomática en la que Estados Unidos ocupa ahora una posición central.
Las consultas discretas mantenidas entre Washington, Madrid y varias capitales regionales revelan la voluntad estadounidense de alcanzar una solución política definitiva antes de la fecha límite crucial de octubre de 2026, fecha de la próxima renovación del mandato de la MINURSO.
Para muchos observadores, esta dinámica marca un cambio estratégico importante: el marco de las negociaciones ya no gira en torno a un referéndum de autodeterminación, sino a una fórmula de autonomía bajo soberanía marroquí presentada como la opción más realista y de aplicación más inmediata.
La resolución 2797: un giro diplomático histórico
La resolución 2797 constituye un punto de inflexión sin precedentes en la gestión internacional del conflicto. Por primera vez, el Consejo de Seguridad considera explícitamente el plan de autonomía marroquí como «la base de una solución justa, duradera y mutuamente aceptable», estimando que una «auténtica autonomía bajo soberanía marroquí podría ser una de las soluciones más realistas».
El mensaje diplomático es ahora claro: Washington se impone progresivamente como principal mediador del asunto, con un enfoque basado en la aceleración de las negociaciones y la búsqueda de un compromiso político definitivo en un plazo relativamente corto.
Esta orientación reduce considerablemente el margen concedido a la opción del referéndum, que había estructurado el proceso de la ONU durante más de tres décadas.

Christopher Landau, subsecretario de Estado de Estados Unidos, y Abdelmadjid Tebboune, presidente de Argelia – PHOTO/EMBAJADA DE ESTADOS UNIDOS EN ARGELIA/X/@USEmbAlgiers
El ataque de Smara: el regreso del factor militar
Mientras las conversaciones diplomáticas parecían recuperar un nuevo impulso, el 5 de mayo de 2026, el Frente Polisario reivindicó un ataque con proyectiles contra la ciudad de Smara, en la zona controlada por Marruecos. Los disparos se dirigieron a zonas cercanas a la prisión y al cementerio, causando una herida.
Este ataque provocó una reacción internacional inusual. Por primera vez, Estados Unidos, Francia y la Unión Europea condenaron públicamente una acción militar del Polisario.
Washington consideró que «estos actos comprometen los esfuerzos de paz y amenazan la estabilidad regional», vinculando directamente esta condena a la dinámica creada por la resolución 2797.
El enviado personal del secretario general de la ONU, Staffan de Mistura, también expresó su «profunda preocupación», afirmando que «este debe ser un momento para el diálogo y no para la escalada militar».
En varios círculos diplomáticos, este ataque se interpreta como un intento de perturbar un proceso político que reduce progresivamente el margen de maniobra militar y diplomático del Polisario.

Un retrato enmarcado y el ataúd del ministro de Defensa de Mali, Sadio Camara, fallecido en un ataque terrorista, se exhiben el día de su funeral de Estado, en Bamako, Mali, el 30 de abril de 2026 – PHOTO/ Presidencia de Mali a través de Facebook / via REUTERS
El Sahel en llamas: un entorno regional explosivo
Esta escalada se produce en un contexto regional particularmente inestable.
Los ataques coordinados llevados a cabo a finales de abril de 2026 en Mali por el JNIM y el Frente de Liberación de Azawad contra Bamako, Gao, Kati, Mopti y Sévaré han demostrado la creciente capacidad de los grupos armados para operar en un inmenso espacio sahelo-sahariano.
La muerte del ministro de Defensa maliense, Sadio Camara, ha reforzado la impresión de un cambio radical en la seguridad en toda la región.
En este contexto, el conflicto del Sáhara Occidental ya no puede analizarse de forma aislada. Las fronteras entre separatismos armados, grupos yihadistas, tráficos transfronterizos y tensiones geopolíticas se vuelven cada vez más porosas.
El ataque de Smara se produce, por tanto, en un entorno regional en el que las potencias occidentales se toman ahora muy en serio los riesgos de contagio en materia de seguridad.

El secretario adjunto de Estado norteamericanos, Christopher Landau, con el ministro marroquí de Asuntos Exteriores, Cooperación Africana y Marroquíes Residentes en el Extranjero, Nasser Bourita
La estrategia estadounidense: hacia una nueva arquitectura regional
Desde el reconocimiento estadounidense de la soberanía marroquí sobre el Sáhara en diciembre de 2020, Estados Unidos ha abandonado progresivamente una postura de observación para adoptar un papel de liderazgo diplomático más directo.
La administración Trump parece ahora dar prioridad a una lógica de estabilización regional rápida basada en varios ejes:
– consolidación de la asociación estratégica con Marruecos;
– reducción de las zonas de tensión en el Magreb;
– prevención de la expansión yihadista en el Sahel;
– racionalización de las costosas operaciones de la ONU;
– integración regional en materia de seguridad bajo supervisión occidental.
En esta línea, la MINURSO podría experimentar una transformación importante. La resolución 2797 ya prevé un examen estratégico del mandato de la misión, con la posibilidad de una reducción de su personal y de sus costes operativos.
Una dinámica diplomática aún frágil
A pesar del optimismo mostrado por algunos responsables estadounidenses, varios factores siguen debilitando el proceso.
El primero se refiere a la ausencia de un mecanismo claro de consulta a las poblaciones saharauis, en particular a las que viven en los campamentos de Tinduf.
El segundo radica en la radicalización de las posiciones. El Polisario rechaza categóricamente cualquier solución impuesta en torno al plan marroquí de autonomía, considerando la resolución 2797 como una ruptura peligrosa con el marco histórico de las Naciones Unidas.
Por último, las tensiones persistentes entre Marruecos y Argelia complican cualquier perspectiva de solución duradera. Argel sigue defendiendo oficialmente el principio de autodeterminación y sigue siendo un actor imprescindible en cualquier solución regional.

Intervención de Hach Ahmed Bericalla primer secretario del Movimiento Saharauis por la Paz (MSP) durante la Cuarta Comisión de la Organización de las Naciones Unidas – PHOTO/ATALAYAR
El surgimiento del MSP: una tercera vía saharaui
En este contexto de creciente polarización, un nuevo actor va ganando progresivamente visibilidad: el Movimiento Saharaui por la Paz (MSP).
El movimiento defiende un enfoque diferente del conflicto, basado en una solución política negociada, el rechazo de la escalada militar y la apertura de un diálogo directo entre saharauis, lejos de las lógicas de confrontación armada heredadas de la Guerra Fría.
El MSP considera que la continuación del conflicto en su forma actual contribuye a debilitar aún más a las poblaciones saharauis y a exponer a toda la región sahelo-sahariana a graves riesgos de seguridad.
A diferencia de los enfoques maximalistas, el movimiento propone una visión pragmática centrada en:
– la paz regional;
– la estabilidad en materia de seguridad;
– la representación real de los saharauis;
– una autonomía negociada que garantice la dignidad, la gobernanza local y la participación política.
Para varios observadores, el MSP encarna hoy en día el surgimiento de una voz saharaui alternativa, menos ideológica y más orientada hacia una solución realista compatible con las nuevas ecuaciones geopolíticas regionales e internacionales.
En los círculos diplomáticos occidentales, algunos consideran ahora que esta tendencia podría desempeñar un papel cada vez más importante en las futuras negociaciones, sobre todo porque busca conciliar la estabilidad regional y la expresión política saharaui fuera del marco estrictamente militar.
Hacia un punto de inflexión antes de octubre de 2026
El periodo 2025-2026 podría representar así un verdadero punto de inflexión en el asunto del Sáhara Occidental.
Washington parece estar preparando progresivamente a la opinión internacional para una aceleración diplomática importante antes de la próxima resolución del Consejo de Seguridad prevista para octubre de 2026.
Sin embargo, la multiplicación de las tensiones en el Sahel, la radicalización militar del Polisario y la ausencia de un consenso regional sólido mantienen un alto nivel de incertidumbre.
El principal reto para los actores internacionales será ahora evitar que una solución percibida como impuesta provoque nuevas fracturas regionales.
En esta compleja ecuación, la aparición de actores saharauis favorables a una solución política negociada, como el MSP, podría constituir un elemento nuevo capaz de modificar progresivamente los equilibrios del asunto y de abrir el camino a una representación saharaui más diversificada, más pragmática y más orientada hacia la estabilidad regional y la paz duradera.
https://www.atalayar.com/opinion/hamoud-ghaillani/sahara-occidental-washington-acelera-discretamente-reestructuracion-asunto/20260509204043225507.html



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