Washington redobla la presión sobre el Sáhara Occidental: entre el realismo diplomático y la aparición de un nuevo paradigma saharaui

Movimiento saharauis por la paz es

Las autoridades estadounidenses mantienen su ofensiva diplomática para desbloquear el conflicto del Sáhara Occidental, con un impulso renovado tras la reciente gira del subsecretario de Estado Christopher Landau por Argelia y Marruecos. Este viaje, realizado entre el 27 de abril y el 1 de mayo, refleja la voluntad de la administración Trump de sentar las bases de una solución duradera, anclando el proceso en el plan marroquí de autonomía y diversificando al mismo tiempo los mecanismos de negociación hacia ámbitos económicos y de seguridad.


Un reposicionamiento estratégico estadounidense


El portavoz del Departamento de Estado confirmó que Landau “reafirmó el apoyo de Estados Unidos a los esfuerzos destinados a alcanzar una solución mutuamente aceptable” durante sus conversaciones con responsables argelinos y marroquíes. Sin embargo, esta formulación diplomática aparentemente consensual encierra una realidad más compleja: Washington parte de la premisa de que la soberanía marroquí sobre el territorio es un hecho consolidado, consagrado por el reconocimiento de Trump a finales de 2020, y que el plan de autonomía constituye “la base seria, creíble y realista” para cualquier solución política.


Esta postura, reafirmada igualmente en la resolución 2797 del Consejo de Seguridad de la ONU adoptada en octubre de 2025, genera una tensión estructural con el Frente Polisario, que rechaza categóricamente este marco. La administración estadounidense parece consciente de este bloqueo, pero ha optado por sortear el obstáculo ampliando el perímetro de las discusiones.


Las reuniones de Landau en la base aérea de Ben Guerir, junto al embajador Duke Buchan, con responsables militares marroquíes y estadounidenses, demuestran una estrategia en la que la cooperación en materia de seguridad sirve como pilar de la relación bilateral. Paralelamente, la presencia del general Dagvin Anderson, comandante del AFRICOM, durante su encuentro con el presidente argelino Abdelmadjid Tebboune, sugiere que Washington intenta reducir las tensiones regionales ofreciendo a Argel garantías de estabilidad, independientemente del desenlace del contencioso saharaui.


La economía como palanca de paz


El propio Landau resumió esta estrategia al afirmar que el conflicto “debería haberse resuelto hace muchísimo tiempo” y que no sirve “a los intereses de nadie”. Su propuesta de desarrollar oportunidades económicas en Dajla, en particular, busca crear hechos consumados atractivos que harían “ridículo” mantener a las poblaciones en los campamentos de refugiados.
Este enfoque, que vincula estrechamente el progreso económico con la resolución política, se inscribe dentro de la doctrina “America First” del presidente Trump, pero plantea una cuestión fundamental: ¿se puede construir la paz sin resolver previamente la cuestión de la representación política de los saharauis?


El MSP: la emergencia de un realismo saharaui organizado


Es precisamente en este vacío donde se inserta el Movimiento Saharaui por la Paz (MSP), cuyo ascenso representa quizá el desarrollo más significativo de los últimos años en el escenario saharaui.


Durante su reciente gira por Washington y Nueva York en octubre de 2025, una delegación del MSP encabezada por su secretario general Hach Ahmed logró un hecho histórico: intervenir ante la Cuarta Comisión de la ONU, rompiendo así el monopolio de representación del que gozaba el Frente Polisario desde hace décadas.


En una declaración pública, el responsable de relaciones internacionales del movimiento, Mohamed Cherif, pidió al secretario general de la ONU que “no se limite a dialogar únicamente con el Polisario” y que reconozca el “pluralismo saharaui” como una realidad incuestionable.
El MSP se presenta como una “tercera vía”, alternativa tanto a las posiciones rígidas del Polisario como al enfoque unilateral de Rabat, defendiendo una solución “sin vencedores ni vencidos”, basada en una amplia autonomía reforzada con garantías institucionales, económicas y culturales.


Esta postura, alineada con la resolución 2797 del Consejo de Seguridad, convierte al movimiento en un interlocutor creíble para la comunidad internacional, capaz de conciliar legitimidad local y marco onusiano. Al fundamentar su propuesta en preocupaciones humanitarias concretas —retorno de los refugiados, vivienda, empleo y reparaciones—, el MSP ofrece una posible transición de la ayuda humanitaria hacia programas de reconstrucción y desarrollo, reduciendo así el riesgo de rechazo social de un futuro acuerdo.


Una ventana diplomática que se estrecha


La urgencia expresada por Landau —“la ventana para lograrlo no permanecerá abierta indefinidamente”— refleja una apreciación realista de las limitaciones temporales. La acumulación de reconocimientos internacionales al plan de autonomía, respaldado ya por España, Francia y una mayoría del Consejo de Seguridad, podría marginar aún más al Polisario.
Sin embargo, esta dinámica corre el riesgo de estancarse si no encuentra un interlocutor saharaui creíble que la acompañe. El presidente Tebboune, en un tono más moderado que las declaraciones habituales de Argel, reconoció que el proceso de la ONU “avanza sin fricciones entre Argelia y Estados Unidos”, dejando entrever una posible convergencia sobre el proceso, aunque no necesariamente sobre el resultado final.


¿Hacia un nuevo paradigma?


El verdadero desafío de los próximos meses reside en la capacidad de Washington para transformar este momento diplomático en un proceso inclusivo. La estrategia estadounidense, que combina reconocimiento de la soberanía marroquí, cooperación regional en seguridad y desarrollo económico, se basa en una apuesta: que la creación de hechos positivos sobre el terreno terminará generando la adhesión de los más reticentes.


Este enfoque, pragmático pero arriesgado, quizá subestima la dimensión identitaria del conflicto. Sin embargo, la emergencia del MSP modifica la ecuación al ofrecer una salida saharaui a la crisis que no pasa por la capitulación del Polisario, sino por la construcción de una alternativa creíble.


Si Washington logra integrar este movimiento en el proceso de la ONU, podría crear las condiciones para una transición pacífica. De lo contrario, el riesgo será ver cómo el conflicto se reduce a una simple gestión de fachada, donde la estabilidad en materia de seguridad oculte una frustración política destinada, tarde o temprano, a resurgir.
Porque el tiempo, como recordó Landau, ya no juega a favor de los diplomáticos.

Hammoud Ghailani


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