El doble mensaje de Waltz: lo que el silencio del Polisario revela

Movimiento saharauis por la paz es

Tampoco el silencio del Polisario permite saber exactamente qué ocurrió dentro del despacho de Waltz. Pero en política también importa lo que una organización decide no decir. Y, en esta ocasión, el silencio es particularmente llamativo porque la reunión ofrecía una oportunidad evidente para exhibir un logro diplomático.

2026100207523636195-1024x823 El doble mensaje de Waltz: lo que el silencio del Polisario revela

El Representante Permanente de los Estados Unidos ante las Naciones Unidas, Mike Waltz, junto con representantes del Frente Polisario.


El 30 de septiembre de 2026, Mike Waltz, representante permanente de Estados Unidos ante Naciones Unidas, anunció en su cuenta de X que había recibido en su despacho a una delegación del Frente Polisario. La noticia no llegó por la agencia oficial saharaui, Sahara Press Service, sino por el propio Waltz, que publicó la fotografía y un mensaje escueto. 

La sorpresa no era solo la reunión. Era también que, en más de cinco décadas de conflicto, ningún funcionario estadounidense de este rango había recibido oficialmente a una delegación del Polisario.

Después se supo que el encuentro se había producido una semana antes. Y entonces apareció un segundo dato, quizá más significativo: el Polisario no había informado de la reunión. Ni cuando se produjo ni cuando Waltz decidió hacerla pública. No hubo comunicado, declaración ni lectura política del encuentro. De no haber sido por el propio embajador estadounidense, probablemente la reunión habría permanecido fuera de la esfera pública. 

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Tampoco se trataba de una delegación menor. Entre sus miembros figuraba Ould Salek, que  durante cuatro décadas ejerció como jefe de diplomacia del Polisario. Si una organización acostumbrada a convertir cada contacto internacional en un activo político decide guardar silencio ante una reunión de este nivel, resulta legítimo preguntarse por qué. La respuesta quizá esté en el propio mensaje de Waltz.

Tres meses antes, el 30 de junio, había recibido en el mismo despacho a una delegación del Movimiento Saharaui por la Paz (MSP) encabezada por su primer secretario. Entonces no se limitó a anunciar el encuentro justo al concluir sino que definió  al MSP como un conjunto de “voces saharauis comprometidas con la paz, el compromiso y una solución duradera” y añadió: “el mundo debería escucharlas”.

Tres meses después, al recibir al Polisario, el mensaje fue otro: “Los refugiados en los campamentos de Tinduf han esperado 50 años. Merecen opciones reales, no otra década de espera. Las bases de una solución están sobre la mesa”.

No son mensajes equivalentes. Al MSP le dijo que representaba  nuevas voces saharauis que debían ser escuchadas. Al Polisario le recordó que los refugiados llevan cincuenta años esperando y que el tiempo de aplazar indefinidamente la solución no puede prolongarse otra década.

La diferencia es importante porque el Polisario ha construido durante décadas buena parte de su estrategia internacional sobre una premisa: que cuando se habla de los saharauis se habla con el Polisario. Cualquier interlocutor alternativo ha sido presentado como irrelevante, traidor  o ajeno a la representación saharaui.

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El Representante Permanente de los Estados Unidos ante las Naciones Unidas, Mike Waltz, junto al primer secretario, Hach Ahmed Barikalla, acompañado por los destacados miembros de la Comisión Política, Hadja Baboit y Mohamed Lamine Ennafaa, así como por Mohamed Cherif, responsable de Relaciones Internacionales

La aparición pública del MSP en el despacho de Waltz introduce una grieta en ese viejo mantra. No porque Estados Unidos haya dejado de hablar con el Polisario. Lo sigue haciendo. Sino porque ha demostrado que puede hablar con el Polisario y, al mismo tiempo, reconocer públicamente a otra organización saharaui como una voz que “el mundo debería escuchar”.

La reunión con el Polisario, por sí sola, podía ser presentada como un gesto de reconocimiento. Pero el mensaje que Waltz decidió hacer público no parece diseñado para ese propósito. No habló de otra década de negociaciones. Dijo que las bases de una solución ya estaban sobre la mesa. 

La frase adquiere todavía mayor relevancia después de la Resolución 2797 del Consejo de Seguridad, que situó la propuesta marroquí de autonomía como base del proceso hacia una solución política, dentro de un marco que no es incompatible con el principio de autodeterminación. 

Por eso resulta difícil interpretar el mensaje de Waltz como una simple cortesía diplomática. Hay presión. Y esa presión está dirigida exclusivamente al liderazgo del Polisario. También alcanza a Argel. Porque si las bases de una solución ya están sobre la mesa, la cuestión ya no es quién gana otra batalla diplomática, sino quién está dispuesto a dar el paso para poner fin a cincuenta años de conflicto.

Argelia parece haber entendido perfectamente la dimensión de este cambio. En su intervención ante la Asamblea General, el canciller Ahmed Attaf volvió a defender la posición tradicional de Argelia: autodeterminación, descolonización y reconocimiento del Polisario como representante del pueblo saharaui. La coincidencia temporal con el mensaje de Waltz resulta reveladora. Una posición insiste en mantener el conflicto dentro del marco histórico de la descolonización; la otra pone el acento en el compromiso, en las opciones para los refugiados y en unas bases de solución que ya existen.

Tampoco el silencio del Polisario permite saber exactamente qué ocurrió dentro del despacho de Waltz. Pero en política también importa lo que una organización decide no decir. Y, en esta ocasión, el silencio es particularmente llamativo porque la reunión ofrecía una oportunidad evidente para exhibir un logro diplomático.

El problema, por tanto, no es que Waltz haya recibido al Polisario. El problema para su dirección es que ya no puede interpretar esa recepción como prueba de que sigue siendo la única voz saharaui que Washington está dispuesto a escuchar.

El doble mensaje de Waltz no es contradictorio. Es complementario. A unos les dice: hay nuevas voces saharauis que deben ser escuchadas.A otros: los refugiados llevan cincuenta años esperando y no habrá otra década de espera. Y entre ambos mensajes aparece una idea políticamente mucho más importante: el futuro del Sáhara Occidental no tiene por qué seguir pasando exclusivamente por la organización político militar que durante medio siglo ha monopolizado la representación política saharaui.

La fotografía de Waltz con el Polisario no elimina la fotografía de Waltz con el MSP. Las dos existen. Y juntas cuentan una historia diferente de la que el Polisario está acostumbrado a contar. Washington escucha al Polisario, pero también escucha a otras voces saharauis e invita a el mundo las escuche. Y quizá por eso el silencio del Polisario resulte más elocuente pues el escenario ha cambiado y con él una realidad que ya no puede ignorar: el viejo movimiento armado ya no está solo ni tiene el monopolio de la representación saharaui.

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