La «unidad» del Polisario: el dogma que conduce al pueblo saharaui al abismo.

Movimiento saharauis por la paz es

La reciente preocupación expresada por Héctor Bujari Santorum ante la posibilidad de que el Movimiento Saharauis por la Paz (MSP) pudiera ser incorporado al proceso negociador que impulse la ONU tras la Resolución 2797 revela algo más profundo que un desacuerdo político: muestra el miedo del Frente Polisario a que se cuestione, por primera vez en décadas, la ficción del “único representante legítimo” del pueblo saharaui.

Sorprende que un demócrata asuma tales conceptos y argumentos en 2025. No solo se trata de una falacia histórica y política, sino de una posición que ignora los cambios sociológicos, demográficos y políticos vividos por los saharauis durante medio siglo. Nadie puede defender seriamente que un movimiento creado en 1973 —y dirigido por la misma élite desde entonces— encarna, sin excepción, la totalidad de voluntades, sensibilidades y aspiraciones de un pueblo disperso entre campamentos, diáspora y territorios bajo control marroquí.

Negar cualquier espacio político a los saharauis que no piensan como el Polisario no es defensa de la unidad: es represión de la pluralidad. Y, sobre todo, es impedir que la ONU escuche voces que quizá puedan desbloquear un conflicto que el inmovilismo del Polisario ha mantenido paralizado durante décadas.

La defensa que hace Héctor Bujari Santorum de la «unidad estratégica» del Frente Polisario no es una mera simplificación, sino la coartada perfecta para blanquear medio siglo de inmovilismo, liderazgo fracasado y pensamiento único. Presentar al Polisario como un espacio plural ignora voluntariamente la exclusión sistemática de disidentes y la estigmatización de cualquier pensamiento autónomo. Lo que se llama «unidad» es, en realidad, uniformidad impuesta.

Resulta profundamente cínico invocar la pluralidad mientras se entierra la leyenda negra de represión y cárceles que sus autores nunca han reconocido. Sin mea culpa, sin reparación, sin justicia para las víctimas. ¿Sobre qué pilares éticos puede sostenerse una causa que se niega a limpiar sus propias heridas?

La dicotomía real no es la que plantea Bujari. La fractura decisiva se da entre un radicalismo tribal de matices islamistas que impregna las estructuras del Polisario y un concepto moderno de ciudadanía donde cada saharaui pueda ejercer su derecho a pensar sin someterse al permiso de una jerarquía «revolucionaria» fosilizada. Una dirección, además, que nunca ha sometido su legitimidad a las urnas y cuyos únicos relevos no han respondido a la voluntad popular, sino a la implacable ley biológica. ¿Qué credencial democrática puede exhibir una cúpula enquistada en el poder desde 1973?

El precio de los errores: de la oportunidad histórica al precipicio

El fracaso más evidente de esta «unidad» forzosa es la secuencia de errores monumentales cuyas consecuencias recaen sobre la población civil:

  • En 1975, la dirección del Polisario torpedeó el proceso de autonomía propuesto por España como paso previo a la independencia. En un acto de infantilismo político injustificable, optó por la guerrilla, acelerando fatalmente el acercamiento entre España y Marruecos.
  • En 1979, desaprovechó la oferta mauritana para blindar la parte del territorio que le correspondía en los Acuerdos de Madrid, entregándoselo en bandeja de plata al Reino de Marruecos.
  • En 1991, cuestionó el censo español de 1974 –piedra angular del referéndum de la MINURSO– por la mezquina razón de que muchos de sus altos dirigentes, de origen marroquí, no figuraban en él, basando su vinculación al territorio en un vínculo tribal, no ciudadano.
  • · En 2020, rompió el alto el fuego sin la capacidad militar para alterar el statu quo, lo que se saldó con la pérdida de los «territorios liberados» y la aceptación tácita de una derrota estratégica.

Estas decisiones, adoptadas por un círculo cerrado, sin debate y en un ambiente militarizado, han conducido al pueblo saharaui al callejón sin salida de la incertidumbre, la desesperanza y el caos.

La historia es testigo implacable de que una causa justa no es sinónimo de victoria. El ejemplo más cercano y lacerante para España es el de la República: un proyecto legítimo que sucumbió. Instar a los saharauis a persistir en una ruta que se revela como un viaje a la nada –o, peor, un suicidio colectivo– no es solidaridad, es una irresponsabilidad histórica. Convertir a un pueblo exhausto en una metáfora de Termópilas no beneficia a quienes sufren, sino solo a una cúpula que encuentra en el conflicto perpetuo su razón de existir.

Solidaridad no es complicidad con el fracaso

La solidaridad española, tan valiosa en el pasado, debe dar un paso al frente. Avalar a ciegas a una dirección que ha demostrado su ineptitud estratégica y su autoritarismo es hacerse cómplice de un proyecto que conduce al abismo. La verdadera solidaridad exige lucidez para denunciar los errores y el valor para no alimentar quimeras belicistas que solo perpetúan el martirio.

El MSP: la disidencia necesaria frente a la obediencia impuesta

Desde su condición de demócrata, a Héctor Bujari debería resultarle evidente que la existencia del MSP no es «divisionismo», sino la encarnación de un derecho elemental: la posibilidad de elegir. Su razón de ser es, precisamente, la ausencia total de democracia interna en el seno del Polisario. ¿Con qué autoridad se tacha de ilegítima una voz crítica cuando la «legitimidad» alternativa descansa en cinco décadas de férula sin elecciones?

El MSP es el hijo no deseado de la cerrazón, la falta de debate y el déficit democrático del Polisario. Emerge desde sus propias entrañas para reivindicar la auténtica revolución: pensar con libertad, disentir sin miedo y construir un futuro anclado en el realismo, no en una épica estéril. Se trata de rescatar a las generaciones venideras de ser inmoladas en el altar de un liderazgo que ha demostrado, sobradamente, su ineptitud e incapacidad para guiarlas hacia un horizonte viable. El pueblo saharaui merece algo más que un viaje a ninguna parte. Merece un destino.

Comité del MSP para medios de comunicación

Madrid, 25 de noviembre de 2025.


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